martes, 22 de marzo de 2016

El final de las buenas palabras

Cada vez que llega la Semana Santa y alguno oye los evangelios de la pasión y muerte de Jesús hay una sucesión de personajes a los que ya nos hemos acostumbrado, y no por ello podemos dejar de encontrar las coincidencias con lo que vivimos cada día. Herodes, Pilatos, Caifás e incluso los más allegados a Jesús poseen unas características bastante similares a personas que vemos en los medios de comunicación o que nos rodean en nuestro entorno. Cada día las injusticias se suceden y nadie hace nada por remediarlo, la mayoría más por omisión que por acción. No tengo la más mínima duda que Pablo Iglesias haría un estupendo papel de Herodes, acusando a Jesús de todo lo habido y por haber, secundado por una Rita Maestre beligerante que luego seguro que diría que sólo pasaba por allí. Para el papel de Pilatos nos sobran candidatos ya que tanto Rajoy como Sánchez o Rivera se lavarían las manos sin dudarlo un instante ante la posibilidad de perder votos o alianzas defendiendo a un inocente o una causa justa. Para Barrabás tenemos a Otegui que le han soltado hace poco, y que igual que Barrabás estaba implicado en un homicidio y formaba parte de una organización clandestina y delictiva. Los allegados de Jesús nos cuentan los evangelios que se mantenían a distancia durante su crucifixión. No es muy diferente a lo que hacen nuestros amigos o familiares cuando las cosas nos van mal. ¿Alguien se implica?, muy poca gente. Nadie quiere hipotecar su destino al de alguien caído en desgracia por mucho "aprecio" que le tengan. Dar la cara por alguien está claro que se ha convertido en un deporte de riesgo. Por mucho que queramos pensar lo contrario, y que somos gente buena y justa, que no nos quepa duda que cada día crucificamos a un Jesús sin hacer nada por evitarlo. La ética, la bondad, la generosidad o el altruismo son palabras que con el tiempo desaparecerán de nuestro diccionario por su falta de uso, y porque no habrá nadie que recuerde su significado. Sin duda asistimos al final de las buenas palabras.

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